Enero
Enero es al año, lo que los lunes a la semana.
Después de las fiestas y los ánimos renovados de cambiar tu vida, viene Enero a ponerte en tu lugar. A recordarte que con desear no basta, que él con sus días lentos y poderosos te puede regresar a la melancolia en un abrir y cerrar de dias, de horas.
Acábate de una vez, mes de fantasmas, acábate de una vez mes de extrañar y recordar…y recordar….y recordar.
Cuentas
El incomodo momento de hacer cuentas. Y el aún más incomodo momento de elegir entre tus grupos, como si fueras tus hijos y te preguntaran: ¿A quien quieres más?
Debo decir, que si se confirma Pulp, para este año, definitivamente mi respuesta es: A ti, Jarvis.
Soma
Si por desgracia se abriera alguna rendija de tiempo en la sólida sustancia de sus distracciones, siempre queda el soma: medio gramo para una de asueto, un gramo para fin de semana, dos gramos para viaje al bello Oriente , tres para una oscura eternidad en la luna
samirgaL
Hoy he llorado bajo la regadera. Desconsoladamente, haciendo mucho ruido.
He llorado y me he puesto a buscar qué contienen las lágrimas. He encontrado que un 98,3% es agua y luego el resto una mezcla entre glucosa, proteínas, sodio y potasio.Las mías no.
Yo sé que mis lágrimas tenían mucho más. Sé que casi la mitad iban cargadas de desahogo, porque aveces me siento tan cansada, tan perdida, porque pendo de la esperanza de que mañana estaré mejor, de que mañana todo estará en su lugar, de que mañana estaré lo suficientemente tranquila que se necesita que este, para continuar, para no seguir en esta especie de limbo que alimenta mis inseguridades…de que mañana…
Otras han brotado por lo que no quise llorar en el año, por mi familia, por la salud, por las decisiones difíciles a las que le doy vueltas y vueltas, por el futuro en el hospital, por las ilusiones infantiles perdidas.
El agua caliente disolvió las lagrimas frías, vertidas por el enojo, por la pregunta que viene a mi mente incesante a mi mente: ¿cómo pudiste perderme…cómo permitiste que me alejara de ti? y sé que no hay respuesta, porque esa es una pregunta que debí haber hecho hace más de 3 años. El agua se lleva las lagrimas tibias vertidas sobre la amistad rota y el incipiente rencor que crece como una enredadera de esas que cubren las estructuras, hasta que las oxidan y las destruyen.
Algunas, han sido por mi, por ser tan débil, por haber perdido mi seguridad y mi brillo, por ya no poder escribir, porque las palabras se me escurren por dentro pero se niegan a salir a mis dedos o a mi boca, porque casi casi les he agarrado coraje, porque ya no parecen tan importantes ni tan fuertes ni tan limpias, porque ya no pueden construir una verdad con solo decir: Yo prometo. Porque tampoco pueden construir mundos ficticios y animales fantásticos. He llorado por la humedad que se corrompió por la tristeza, he llorado por haber sido lastimada y no poder superarlo, porque cada vez que me vuelvo a encontrar en una situación similar me siento apartada y fuera de lugar, abandonada, sola, estigmatizada.
He llorado por todo lo que quiero hacer y no he hecho, por los planes truncados, por mi exceso de confianza, por que no soy tan inteligente, ni tan lista, ni tan estudiosa ni tan brillante como pensaba.
He llorado por mi nidito de miedos, porque los he ido sacando uno a uno para matarlos, pero en este limbo no se mueren…
Han sido lágrimas horribles que he detestado aunque era necesario que aflorasen. Después me he sentido más entera, quizás un poco más cabal.
A lo gris del dia, debo algunos segundos de mi llanto, a la sonrisa de mi sobrino cuando me dice Hola, a los ojos verdes de mi gato y su siempre puntual deseo de ir en contra de su naturaleza felina, siguiéndome por la casa y pidiéndome que lo acaricie y lo cargue, a la voz de Amparo resonando en mi memoria, a los que se interesan en mi y se enamorarían de mi perdidamente y para siempre de nadie más en una semana, pero para quienes mi respuesta -al menos mental- siempre es: no te enamores de mi, no soy buena.
Han sido lágrimas bonitas, me ha gustado mucho llorarlas.
Me asustaría no saber que se han caldeado mis mejillas con gotas debidas a los míos, me asustaria seguir despertando anegada en lagrimas sin saber porque…
Han sido lágrimas amables, tiernas… culpa de una nostalgia testaruda que no me deja seguir viviendo si no paro, de vez en cuando, a abrazar con el alma a los que están lejos por estar yo lejos.
Hoy he llorado bajo la regadera. Seguía llorando mientras me secaba y dejé de llorar muy poco antes de salir de mi cuarto.
Me siento tranquila, con calma, feliz y melancólica a partes iguales.
Es como si hubiese dejado por un rato que el corazón hablase, que patalease, gritase y se enfadase, que confesase de una vez lo que sinceramente le pasaba por los ventrículos porque de otra manera, no habría acabado nunca haciendo las paces con el resto y así no se podía vivir.
No puedo ir al fin del mundo a dejar caer mis secretos, no puedo ir a algunas ruinas a contar mis secretos a un agujero y a taparlo con lodo, pero aveces, puedo sentarme en el piso y llorar bajo la regadera. O ver “In the mood of love”.
31 12 2012
A pesar de todo, continuamos amando; y ese “a pesar de todo” cubre un infinito.
Emil Cioran.
El último día de un año, particularmente difícil.
Llore lo que nunca había llorado en toda mi vida, aprendí lo que es el rencor, sentí el aplastante peso de la culpa, que como una enorme loza no te deja moverte ni continuar adelante, aún sufro los estragos de la impaciencia y la duda de si basta hacer la cosas de corazón para que sean limpias (porque a fin de cuentas, uno podría ser malo de corazón y eso no justifica sus acciones…pero, yo no soy mala…¿o si?)
Este año aprendí que hay veces que no hay respuesta, solo queda sentir y confiar, que nadie volverá a hacerme promesas y que yo no volveré a hacerlas tampoco, que tantas cosas ingenuas y puras se perdieron para siempre. Que hay heridas que nunca sanaran.
Este año aprendí, que lejos del amor y el cariño que alguien me puede tener, siempre puede más dolor y el rencor, que una sola acción dictamina no solo lo que eres ahora, ni lo que podrías ser en el futuro, sino extrañamente también, lo que fuiste en el pasado.
Aprendí a la mala, que el desapego es el único camino, que no hay forma de tener certidumbre de nada, que no hay forma de pedirle a otro que ajuste su tiempo al tuyo y que por más que quieras, tú tampoco puedes ajustar el tuyo.
Que eso que tanto desdeñe, es lo único que en el fondo me sostiene: una estúpida y ciega fe.
Quisiera que todo estuviera bien el próximo año, que hubiera prosperidad para todos, que con desearlo pudiera cerrar todas las heridas, pero en la vida real, no puedo hacerme responsable de nadie, más que de mi. Así como tuve que aprender que aveces la tristeza de otros no emana necesariamente de mi, también su felicidad y bienestar no lo hace.
Yo no soy el centro del universo de nadie.
Más bien, todos somos bastos e inmensos universos, que colisionamos ineludiblemente.
Por encima de todo, aprendí, que aún no le tengo miedo al cáncer, pero sí al Alzhaimer y que si existiera Lacuna inc. no iría a borrar ninguno de mis recuerdos, ni los buenos ni los malos, ni los viejos ni los recientes, ni a una persona ni a otra, ni las ofensas y heridas nuevas, ni las tristezas y alegrías viejas.
Tengo una estúpida y ciega fe, de que estoy en donde debo de estar. Y de que el mundo ya se termino.
Watch your thoughts, they become words.
Watch your words, they become actions.
Watch your actions, they become habits.
Watch your habits, they become your character.
Watch your character, it becomes your destiny.
J.L








