Estimada Señora Budd:
Estimada Señora Budd:
” En 1894, un amigo mío servía como marinero de puente en el buque Tacoma con el capitán John Davis. Salieron de San Francisco con destino a Hong Kong. Una vez llegados a puerto, él y dos compañeros bajaron a tierra a emborracharse. A su regreso, el buque había salido ya sin ellos. En esa época, el hambre reinaba en la China. Cualquier clase de carne se vendía entre uno y tres dólares la libra. Los más pobres sufrían tanto que vendían a los carniceros a sus hijos menores de 12 años para los despedazaran y revendieran. En cualquier carnicería se podían obtener, así, bistés, costillas y filetes. A la vista del comprador, los cortaban del cuerpo desnudo de una niña o un niño. Las nalgas, que es la parte más tierna, se vendían como tenera y eran el pedazo más caro.

